Una Raza Distinta

Cristo es nuestra paz. Él hizo de judíos y de no judíos un solo pueblo, destruyó el muro que los separaba y anuló en su propio cuerpo la enemistad que existía. Puso fin a la ley que consistía en mandatos y reglamentos, y en sí mismo creó de las dos partes un solo hombre nuevo. Así hizo la paz.” Efesios 2:14-15 (DHH)

En el plan de Dios estaba establecer una persona que fuera a la imagen de Cristo. Desde la eternidad pasada (antes de la creación del mundo) Dios ha estado enfocado en la persona de su Hijo. Nuestro Dios siempre ha querido extender su presencia amorosa en toda su creación por medio de Su Hijo. La forma de hacerlo fue haciendo fructífero a Cristo. (Juan 12:24)

Por causa del pecado, Dios se hizo hombre en la persona de Jesús y así “quitar” del medio aquello que impedía que la fructificación divina se llevara a cabo. (Juan 1:29) El fruto de Dios tenía que ser santo, puro y que reflejara el caracter mismo de Dios. Como único podía llevarse a cabo el plan era “multiplicando” a Aquel que reúne la cualidades divinas. (Hebreos 1:3)

Desde el tiempo de Abraham en adelante la humanidad se dividió en básicamente dos grupos: los descendientes de Abraham y que luego se llamarían judíos, y aquellos que no eran descendientes de Abraham. Los que no fueran judíos se les llamaría gentiles. Esto quiere decir que la humanidad estaría dividida en judíos y gentiles.

Desde el nacimiento de Ismael e Isaac se generó una riña entre los descendientes de Abraham. Esta riña llevaría a un odio entre dos especies por mucho tiempo. Incontables seres humanos (hombres, mujeres y niños) han sido torturados y matados por causa de esta riña.

Si Dios quería que su plan se realizara tenía que poner fin a este odio entre los dos pueblos para siempre. Es ahí cuando entra Jesús en escena. Cuando Dios se encarna en la persona de Jesús, ya estaba derrumbando la pared que dividía ambos pueblos. Su amor por la personas era sin precedentes y su cariño hacia los menos afortunados fue inigualable.

Por medio de la muerte de Cristo se terminó de derrumbar la división entre ambos pueblos. En una forma maravillosa y sobrenatural Dios quita el pecado del medio, derrumba la pared que dividía a los seres humanos y crea un solo ser humano en Cristo Jesús.

En esta vida nueva no importa si uno es judío o gentil, si está o no circuncidado, si es inculto, incivilizado, esclavo o libre. Cristo es lo único que importa, y él vive en todos nosotros.” (Colosenses 3:11)

Dios abre un camino nuevo (Hebreos 10:20) que nos permite empezar a vivir una vida que no había podido ser vivida por ser humano alguno. Hay una creación nueva que se establece por Dios (2 Corintios 5:17) cuando Jesús resucita. Es una creación que jamás había existido excepto en la persona de Jesús.

Esto quiere decir que todo aquel que recibe al Hijo, Jesús, se convierte en una especie totalmente nueva. Una especie diferente a judío o gentil. El apóstol Pablo le llamó a esta nueva especie “ekklesia”. (1 Corintios 10:32) No hablo de un lugar, hablo de una especie viva y orgánica que fue creada para llevar a su culminación el plan y propósito de Dios establecido desde antes de la creación.

Observa lo que dice en el libro de Efesios:

Y el plan de Dios consiste en lo siguiente: tanto los judíos como los gentiles que creen la Buena Noticia gozan por igual de las riquezas heredadas por los hijos de Dios. Ambos pueblos forman parte del mismo cuerpo y ambos disfrutan de la promesa de las bendiciones porque pertenecen a Cristo Jesús… El propósito de Dios con todo esto fue utilizar a la iglesia para mostrar la amplia variedad de su sabiduría a todos los gobernantes y autoridades invisibles que están en los lugares celestiales. Ese era su plan eterno, que él llevó a cabo por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.” (Efesios 3:6, 10-11)

Somos parte del propósito eterno de Dios. Somos su iglesia. Somos una especie distinta a cualquier otra. Somos la obra maestra de Dios. (Efesios 2:10) Somos el objeto de amor de nuestro Creador. Somos la extensión de su divinidad en la tierra.

Según escritos del segundo siglo, los creyentes de ese tiempo se consideraban miembros de la “Tercera Raza“. Ellos sabían que estaban los judíos y los gentiles, pero por medio de Cristo no pertenecían a ninguna de las anteriores. Ellos sabían que pertenecían a una nueva especie, una especie conforme al propósito eterno de Dios. Ellos sabían que habían nacido de arriba, conforme a nuestro Padre celestial.

Dios nos conceda ver y entender esta revelación de que somos una especie distinta creados en Cristo Jesús. Somos peregrinos y extranjeros en esta tierra.

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